La amenaza inminente de la globalización de las rentas y la defensa del capitalismo por la clase obrera

The Impending Threat of Rent Globalization and the Defense of Capitalism by Labor

Hartmut Elsenhans
Universität Leipzig, Germany

La amenaza inminente de la globalización de las rentas y la defensa del capitalismo por la clase obrera

Convergencia, vol. 26, núm. 81, 2019

Universidad Autónoma del Estado de México, Facultad de Ciencias Políticas y Administración

Recepción: 28 Febrero 2019

Aprobación: 10 Mayo 2019

Resumen: El presente artículo argumenta que la globalización no conduce necesariamente a un sistema mundial de economías capitalistas. Bajo condiciones prevalecientes de desempoderamiento de la clase trabajadora, el capitalismo es demasiado débil para transformar economías subdesarrolladas basadas en rentas. La globalización es impulsada por la devaluación de la moneda transformando la nueva ventaja comparativa en competitividad de costos. El controlador de la devaluación, el pleno empleo, no funciona en la mayoría de los casos. Para globalizar el capitalismo, la clase trabajadora en el Hemisferio Sur tendría que empoderarse. Se concluirá que: a nivel teórico, una concepción neoliberal del capitalismo contrario al keynesianismo bloquea la comprensión de la importancia del consumo de masas para mantener al capitalismo. A nivel político, los movimientos de masas existentes en el Hemisferio Sur son capturados por el nacionalismo secular o cultural. Surge un sistema multipolar fragmentado donde los gobiernos promueven la búsqueda de rentas.

Palabras clave: globalización, rentas, macroeconomía keynesiana, relaciones internacionales, lucha de clases, desarrollo.

Abstract: Globalization does not necessarily lead to a world system of capitalist economies. Under the prevailing conditions of labor disempowerment, capitalism is too weak to transform rent-based underdeveloped economies. Globalization is driven by currency devaluation which transforms new comparative advantage into cost competitiveness. The major check on devaluation, full employment does not work in most cases. In order to globalize capitalism, labor in the South would have to be empowered. At theoretical level, a neoliberal understanding of capitalism as against Keynesianism blocks an understanding of the importance of mass consumption to maintain capitalism. At political level, mass movements, where they exist in the South, are captured by secular or cultural nationalism. An increasingly fragmented multipolar system emerges where rent-seeking is promoted by governments.

Key words: globalization, rent, Keynesian macroeconomics, international relations, class struggle, development.

Introducción1

El argumento central de este artículo es que la globalización no conduce automáticamente a un sistema mundial capitalista. Defino al capitalismo como un sistema económico en el que los empresarios toman las decisiones de producción e inversión y estas se justifican con la tasa de beneficio. El beneficio es una forma especial de excedente. En contraste con la renta,2 el beneficio es apropiado por empresarios capitalistas que compiten en mercados anónimos. La renta es otra forma de excedente que se adecua sobre la base de las imperfecciones del mercado —tanto de la variedad natural como de la creada políticamente—. En un modelo macroeconómico keynesiano-kaleckiano, el volumen global de beneficios que recibe la clase empresarial depende de su gasto en inversión neta. Solo la participación de cada empresario en el beneficio total depende de su propia competitividad.

La globalización es el intercambio económico en aumento mediante el comercio y los flujos financieros dentro de una parte cada vez mayor del mundo. En contraste con las etapas previas de la globalización, los países subdesarrollados en el Hemisferio Sur han adquirido ventajas de costos comparativos en productos manufacturados, de inicio en forma simple, pero cada vez más también en mano de obra técnicamente sofisticada o productos de capital intensivo.

Existen bloqueos a la globalización en el Hemisferio Sur que impiden la generalización del capitalismo a nivel mundial y, por lo tanto, la aparición de un sistema mundial capitalista relativamente homogéneo. De acuerdo con la posición keynesiana presentada aquí, uno de los requisitos sociales para el crecimiento capitalista —a saber, el poder de negociación de los trabajadores— ha resultado históricamente en un aumento de los ingresos de masas. Pero la ausencia de este factor en las economías subdesarrolladas del Hemisferio Sur y la tendencia relativamente débil a los altos niveles de empleo en el sistema global actual, comprometen de forma significativa la capacidad de los trabajadores para negociar el aumento de los ingresos de masas. El limitado crecimiento de las exportaciones adicionales —y, por lo tanto, la transformación de las estructuras locales a través de la escasez de mano de obra calificada promedio— impide que las economías se conviertan en unas capitalistas clásicas.

En muchos países del Hemisferio Sur, la Revolución Verde ha posibilitado la creación de un excedente de alimentos, provocando autosuficiencia en el consumo de estos. Como la ventaja comparativa permite la competitividad sin la superioridad técnica, también existe la posibilidad de sobrepasar a los líderes técnicos anteriores. Dentro de este marco, se distinguen dos escenarios diferentes: una globalización benigna y una globalización de "carrera hacia el fondo". En el segundo caso, los gobiernos deberán intervenir para proteger a los segmentos amenazados de sus poblaciones y para mantener su capacidad de participación en la innovación técnica. Esto intensificará aún más las estructuras basadas en rentas.

De acuerdo con el lenguaje de la teoría del desarrollo, el objetivo es eliminar la marca constitutiva del subdesarrollo: el excedente de mano de obra. Esto implica la transferencia de estructuras capitalistas al Hemisferio Sur, una región que todavía se caracteriza en gran medida por estructuras precapitalistas, basadas en rentas de las cuales las empresas capitalistas se alegran de beneficiarse, pero no hacen un verdadero intento de eliminarlas. En consecuencia, sostengo que la intervención del Estado para asegurar la asignación sabia de las rentas emergentes es un enfoque deseable, no solo para promover un sistema mundial capitalista, sino también para garantizar un mundo menos conflictivo.

El argumento presentado aquí se basa en la propuesta de que el aumento de los ingresos de masas es una condición para los sistemas capitalistas. Esta idea se formuló mucho antes del surgimiento del debate poskeynesiano sobre este tema (Elsenhans, 1976 y 1983).3 Previas investigaciones (Elsenhans y Babones, 2017) han demostrado cómo este modelo teórico podría aplicarse a los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), mientras que la contribución actual lo aplica a una escala global.

En sus relaciones exteriores, los Estados defenderán sus estrategias basadas en rentas, salvaguardando sus derechos soberanos para determinar sus intereses nacionales en la apropiación de rentas, con el propósito de financiar la paz interna y la innovación técnica. En tales condiciones, el futuro del sistema internacional se caracterizará por la heterogeneidad, la fragmentación y la adhesión limitada a las reglas globales, y las estructuras políticas democráticas llevarán una existencia cada vez más precaria.4 Por lo tanto, cualquier análisis de los desarrollos políticos y económicos también debe, por necesidad, enfocarse en las dinámicas políticas.

El paradigma liberal dominante supone que la globalización intensificada en otros ámbitos, aparentemente no económicos (como la cultura), promoverá un sistema mundial capitalista en el cual la intervención estatal se limita a facilitar el crecimiento, al reducir los costos para las empresas privadas. De acuerdo con mi modelo, se mantendrán grandes variedades de renta, surgirán nuevas rentas y se usará el poder estatal principalmente para aumentar las acciones en el proceso de recolección de rentas. Por lo tanto, predigo que se desarrollará un sistema internacional muy específico como resultado de las capacidades de transformación limitadas del capitalismo. En este sistema, la periferia comprenderá un grupo de Estados en competencia que interactúan entre sí bajo el dosel general de un equilibrio multipolar de poder y control hegemónico de sus vecinos cercanos.

Kalecki y los orígenes del beneficio

El argumento kaleckiano Kalecki, 1942; (Elsenhans, 2011: 8-19) sobre el origen del beneficio se puede resumir brevemente con los supuestos simplificadores habituales: solo hay dos categorías de productos y dos categorías de ingresos: bienes de consumo y bienes de inversión; y salarios y beneficios. Las personas de negocios obtienen beneficios y salarios administrativos que usan para compras de consumo. Los trabajadores reciben solo salarios. Todos los salarios —y solo los salarios— se utilizan para comprar bienes de consumo. El sector público mantiene un equilibrio: todos los gastos del gobierno están cubiertos por impuestos y constituyen el costo de los negocios y la mano de obra. El sector del comercio exterior también mantiene un equilibrio: no hay creación de demanda adicional por exportaciones que no se correspondan con importaciones adicionales.

En una configuración tan simplificada, los empresarios de las industrias de bienes de consumo pueden vender sus productos con un beneficio, siempre que exista una demanda de estos últimos a partir de salarios que no hayan pagado previamente en su propio sector de producción, ni en la producción de insumos y bienes de inversión que han utilizado con anterioridad. En la configuración simplificada, dichos salarios solo pueden provenir de trabajadores que están empleados en la producción de bienes de inversión neta, dado un exceso de producción de bienes de inversión para reemplazar equipos desgastados.

La producción neta de bienes de inversión proporciona a los productores de bienes de consumo una tasa de beneficio positiva. Ningún productor de bienes de inversión creará estos bienes si no obtiene una tasa de beneficio similar a su inversión. Los productores de bienes de inversión normalmente tienen acceso a las tecnologías utilizadas en la fabricación de bienes de consumo, por lo que siempre pueden explotar sus propios bienes de inversión ingresando a la producción de bienes de consumo. Con el beneficio en la producción de bienes de consumo igual a los salarios en la producción de bienes de inversión, y con los beneficios positivos en la producción de bienes de inversión, el beneficio total en la economía es igual al valor neto de la producción de bienes de inversión.

No existe una tecnología económicamente viable en el capitalismo que no reduzca los costos unitarios de producción —inversión de racionalización (Bortkiewicz, 1907: 456-459) . En el caso de salarios reales constantes, la suma de todos los factores de producción por unidad producida disminuye. La racionalización lleva a la contracción de la demanda. Sin embargo, esta regla a veces se puede cumplir con el aumento de los salarios reales, lo cual puede provocar que las tecnologías más antiguas sean demasiado costosas (esto se conoce como "inversión defensiva"). En consecuencia, la globalización inevitablemente reducirá la demanda global (y el beneficio) si la inversión de racionalización no es compensada por una inversión defensiva que la acompaña.

En respuesta a esta amenaza de reducir las posibilidades de aumentar la capacidad de inversión neta en la economía real, las compañías aumentarán de forma inevitable las imperfecciones del mercado. Esto facilitará ineludiblemente un proceso de globalización de rentas. El financiamiento permite librar la operación del ajuste en la economía real: la falta de demanda en relación con el potencial productivo conduce a la caída de los precios (que, hasta la crisis de la década de 1930, fue el resultado dominante de las crisis).

Competitividad, globalización y devaluación de la moneda y la importancia del predominio del sistema de precios del mercado mundial

Los precios internacionales del sector laboral se relacionan no tanto con niveles particulares de productividad entre los segmentos de la mano de obra local, sino más bien con las condiciones promedio de esta última; y, contrario a las críticas existentes sobre los costos laborales excesivamente altos, los salarios en el Hemisferio Sur no están en efecto vinculados con la productividad relativa del trabajo, en relación con la mano de obra occidental en ramas específicas que se han vuelto competitivas.

De hecho, los bajos precios laborales internacionales en el Hemisferio Sur no son tanto el resultado de bajos salarios reales. En realidad, es la devaluación, una reducción del tipo de cambio muy a menudo por debajo de la paridad de compra, lo que es decisivo aquí. Las áreas (típicamente muy pobres) del Hemisferio Sur, como el África subsahariana, no han podido participar en la industrialización orientada a la exportación. Por lo tanto, la moderación salarial en Occidente no es de ninguna ayuda contra la reducción de costos en el Hemisferio Sur. Solo el aumento del empleo en este Hemisferio bloquearía la devaluación.

En un país capitalista típico, los niveles de productividad a lo largo de las líneas de producción son muy similares a pesar de las diferentes tasas de crecimiento de la productividad física con el paso del tiempo. Los factores de ingresos también son similares. Sin embargo, en un país subdesarrollado típico, el desempleo de las masas bloquea los aumentos en las remuneraciones de los trabajadores en la mayoría de los sectores productivos. Por el contrario, en algunos sectores con demanda favorable, pueden ocurrir algunos aumentos. Si los productos de estos sectores son comerciables, los altos precios internacionales también conducirán a precios locales relativamente altos. El resultado es una gran variedad de niveles de remuneración no tanto del sector laboral, sino de los otros factores de producción, que es el aspecto esencial de la llamada heterogeneidad estructural (Aydalot, 1968: 42) .

Las diferencias en el crecimiento de la productividad en los países subdesarrollados no conducen necesariamente a cambios correspondientes en los precios relativos. Si los precios son determinados por los competidores en el mercado mundial, la alta productividad puede aumentar los ingresos disponibles para la distribución dentro de una rama. Esto tal vez resulte en excedentes duraderos más allá de lo que se lograría con las tasas de beneficio promedio, "beneficios adicionales" o rentas diferenciales. Dichos excedentes pueden ser apropiados para compañías que no tienen competidores con costos salariales comparativamente bajos o pueden hacerse visibles por el cobro de impuestos sin poner en peligro la rentabilidad de las empresas.

La solución sugerida por la teoría neoclásica del comercio exterior se refiere a la desaparición de los factores de ganancias que se encuentran por encima de la media, al expandir la producción con la caída de los precios. Mientras los productos con altos factores de beneficios se caractericen por precios bajos y elasticidades de ingreso en el mercado mundial, el resultado probable sería una pérdida de ingreso por unidad vendida y solo pequeños aumentos de cantidades exportadas. Cualquier economía con este patrón de especialización, por lo tanto, recurrirá a la imposición de impuestos a los productos de exportación para obtener rentas apropiadas.

Si los salarios promedio aumentan mediante altos niveles de empleo (junto con una alta utilización de la capacidad productiva disponible), las rentas desaparecen y los salarios convergen. Este es un elemento esencial de la transición al capitalismo. Factores de precios convergentes5 conducen a la homogeneización de la productividad en todas las actividades económicas, a la flexibilidad económica para reaccionar a las nuevas demandas y a una situación económica similar entre la mayoría de los trabajadores, quienes desde su percepción pueden constituirse como una clase trabajadora con capacidad de acción política. Esto permite que el sector laboral elimine todas las formas de apropiación de excedentes, excepto los beneficios, y mejore tanto sus ingresos como su empleo al aumentar su demanda de bienes de consumo e inversión.

Los trabajadores no pueden redistribuir el beneficio por su consumo, y cualquier aumento en este solo puede lograrse aumentando la capacidad productiva. El incremento del consumo más allá de la plena utilización de la capacidad productiva conduce al gasto en inversión y nuevos beneficios. El sector laboral puede, sin embargo, eliminar las rentas y, por tanto, establecer el dominio de los capitalistas sobre los rentistas.

La nueva ventaja comparativa del Hemisferio Sur

Las nuevas ofensivas de exportación del Hemisferio Sur manufacturero han sido posibles debido a los cambios en la ventaja comparativa. Esta no dice nada sobre el rezago de la productividad en la economía en retroceso. Ricardo (1951: 135-149) ha demostrado que cualquier país puede exportar, incluso si su productividad está decadente en todas las actividades, siempre que su atraso difiera en diversas áreas de producción en relación con un país más avanzado. Por ejemplo, Gran Bretaña puede ser superior a Portugal en la producción tanto de telas como de vino; sin embargo, Gran Bretaña opta por especializarse en la producción de telas porque posee un mayor desarrollo en esta área.

Pero, ¿por qué los países del Hemisferio Sur tienen una nueva ventaja comparativa en líneas de producción con condiciones de demanda muy favorables en el mercado mundial? ¿Cómo se transforma la ventaja comparativa en competitividad de costos internacional?

Al inicio de la Revolución Industrial, a principios del siglo XVIII, Europa obtuvo una ventaja comparativa en productos industriales de calidad estandarizada simple. Gran Bretaña logró penetrar en los mercados asiáticos con textiles de algodón baratos fabricados industrialmente.

La producción en masa de productos estandarizados para consumidores promedio llevó a innovaciones en tecnologías de proceso en la industrialización de Europa. Nuevos productos, que antes se consideraban demasiado caros, ahora se podían obtener a través de estos nuevos procesos. Europa eliminó los productos de lujo provenientes de las antiguas civilizaciones asiáticas de los mercados europeos y del Hemisferio Sur. Por otra parte, las ya sofisticadas economías del Hemisferio Sur se especializaron en materias primas.

Los depósitos de materia prima cerca de los centros industriales se agotaron continuamente, por lo que se buscaron sitios de producción más baratos en el Hemisferio Sur y se explotaron con las tecnologías desarrolladas en Occidente, para combatir los costos crecientes causados ​​por el empobrecimiento de los depósitos de materia prima cercanos. Por lo tanto, los costos de producción en el Hemisferio Sur fueron mucho más bajos que en el Oeste.

Mientras los sitios de producción en el Oeste siguieran operando, la ley de un precio en el mercado mundial proporcionó un ingreso adicional —es decir, una renta diferencial— a los productores en el Hemisferio Sur. La apropiación de esta renta requería control y poder político. Esto inicialmente derivó en la formación de poder de las empresas mineras coloniales que, después de los procesos de independencia, pasó a manos de los gobiernos cada vez más centralizados que se basaban en las emergentes clases de Estado (Elsenhans, 1996: 59-76) .

Las materias primas agrícolas del Hemisferio Sur tenían bajo precio y beneficio elástico de la demanda, por lo que el control político de la oferta podía aumentar los ingresos totales de exportación. Esto llevó a intentos de formar organizaciones ilícitas para controlar la materia prima y abrogar acuerdos internacionales respecto a precios justos y remunerativos. Tales acciones comenzaron en la década de 1930 y continuaron hasta el establecimiento de un supuestamente nuevo orden económico internacional en la década de 1980, con el fin de apropiarse de las rentas. Después de 1982, Occidente fue capaz de eliminar prácticamente todas estas rentas con la excepción de la renta petrolera, porque Occidente quería proteger su propio petróleo políticamente seguro pero caro (Elsenhans, 1983: 36-37) .

De forma inevitable, la deteriorada posición de las exportaciones, causada por la caída de los precios de las materias primas, dio lugar a una nueva ventaja comparativa en la producción manufacturera de uso intensivo de mano de obra en el Hemisferio Sur (aunque este permaneció en declive en la productividad manufacturera). Según el modelo de Ricardo (1951), la superioridad técnica duradera de Occidente no es garantía contra la competencia de los sitios de producción de bajo costo en el Hemisferio Sur.

La ventaja comparativa, a pesar del retraso en la productividad, se transforma en competitividad de costos por la devaluación (en la demostración de Ricardo a través de la salida de especies [dinero del oro] y la deflación subsiguiente). Hoy en día, las variaciones en los tipos de cambio producen el mismo efecto. Occidente ha criticado vigorosamente a China por promover su industrialización orientada a la exportación mediante tipos de cambio infravalorados, pero el "Wirtschaftswunder" (milagro económico) de Alemania occidental de la década de 1950 se basó de manera similar en la infravaloración de la moneda alemana (Milward, 1992: 485) .6

Durante algún tiempo, China ha financiado sus excedentes comerciales por medio de la compra de bonos del Tesoro de los Estados Unidos que ciertamente se devaluarán en relación con la moneda china cuando China considere venderlos. Este país, por lo tanto, paga la posibilidad de tener excedentes de la balanza comercial con el resto del mundo, porque financiar sus propios excedentes de exportación es menos costoso que el modo alternativo de regular su economía a través de una clase de Estado ineficiente y parasitario.

No existe un criterio para un tipo de cambio justo, siempre que los países participantes no sean todos capitalistas con estructuras similares de precios relativos entre bienes y servicios. Grados semejantes de atraso en los países del Hemisferio Sur respecto a las economías técnicamente avanzadas de Occidente son negados por la estructura misma del subdesarrollo. En la teoría del desarrollo ha habido una gran discusión sobre la llamada "heterogeneidad estructural".

Amin (1973: 186) ha demostrado que este es el resultado de la transferencia del sistema occidental de precios relativos a esos países. Dicho sistema está determinado por la productividad relativa en el Occidente industrializado. El potencial de devaluación de un país que aún se caracteriza por el desempleo es, en principio, ilimitado. Su tipo de cambio puede mantener un equilibrio, incluso si el poder de compra local del trabajo en moneda nacional es mayor que en el mercado mundial (Haichun et al., 1994) , como es el caso en la mayoría de las naciones subdesarrolladas.

El atractivo de la India como destino turístico barato tiene su base en el hecho de que la moneda india es barata, al menos para los turistas occidentales. Históricamente, todos los países que han tenido éxito en la industrialización orientada a la exportación tenían monedas subvaloradas, incluso Japón después de 1918 (Morimotu, 1918: 144).

Sobre los límites de la devaluación o la necesidad de empoderar a los trabajadores en el Hemisferio Sur

Incluso si se produce algún aumento en el empleo a través de bajas tasas de devaluación, gran parte del sector laboral productivo aún puede permanecer desempleado. El aumento del empleo en la manufactura orientada a la exportación por devaluación por debajo de la paridad de compra requiere recursos materiales internos, para los ingresos de los trabajadores de exportación adicionales (Elsenhans, 2002: 6-73) . Independientemente de la tasa de devaluación, las importaciones necesarias de insumos y tecnología no pueden abaratar los precios internacionales al devaluar la moneda local. Como los insumos y la tecnología no pueden ser sustituidos con facilidad por productos locales, la cantidad disponible de los ingresos de exportación que se pueden utilizar para comprar productos adicionales para el suministro de trabajadores de exportación adicionales disminuye más rápido que los ingresos de exportación.

Exportaciones adicionales por devaluación son posibles solo si los trabajadores adicionales en las industrias de exportación son abastecidos por bienes salariales de la producción local. El consumo en hogares pobres en casi todos los países del Hemisferio Sur está dominado por los alimentos, con algunas variaciones en el costo de la vivienda, y en el simple equipamiento del hogar: desde muebles hasta utensilios de cocina, una variedad de otros productos simples y algunos modernos como refrigeradores, televisores, bicicletas, pero también teléfonos celulares que ya se fabrican de manera local. La producción de alimentos constituye el cuello de botella aquí, al menos en los principales países del Hemisferio Sur.

De hecho, la Revolución Verde ha hecho disponibles alimentos adicionales en el Hemisferio Sur, alimentando a trabajadores adicionales en las industrias de exportación. Si la mano de obra occidental intentara competir con el costo de la mano de obra en el Hemisferio Sur, no tendría que apretarse el cinturón, sino revertir los logros de la Revolución Verde. Esa solución puede ser descartada por ser poco realista, desde el punto de vista político, por cualquiera que no quiera ser responsable de las hambrunas en el Hemisferio Sur.

El otro límite para la devaluación de las exportaciones es el único posible: la eliminación del desempleo en el Hemisferio Sur. Cuando se alcanzan altos niveles de empleo, puede producirse una escasez de mano de obra y así las empresas comienzan a competir por ella ofreciendo salarios más altos. Este fue el caso de Alemania Occidental a fines de la década de 1950, con la amenaza de inflación "importada".

Pero superar el desempleo en el Hemisferio Sur no es solo una tarea para Occidente. En caso de que existan fuertes tendencias hacia una distribución de ingresos más igualitaria, la mayoría de los trabajadores desempleados en el Hemisferio Sur obtendrían puestos de trabajo para satisfacer las necesidades de una población trabajadora local cada vez más numerosa, que, debido a una oferta laboral que aumentaría lentamente, recibiría salarios reales más altos o se sentiría facultada para organizar sindicatos e imponer salarios reales más altos mediante la acción colectiva.

Los economistas coreanos han observado que, desde 1983 a más tardar, los salarios se incrementaron no solo en empresas de exportación exitosas, sino en toda la economía (Bai, 1982; Minami, 1992) . Cuando el trabajo comenzó a escasear durante la campaña de exportación de Corea del Sur, los salarios reales aumentaron en todas las demás actividades, a pesar de que el sector laboral todavía era políticamente débil. Esta debilidad no persistió: diez años después de alcanzar altos niveles de empleo, Corea del Sur era el hogar de una clase obrera políticamente poderosa y bien organizada, capaz de desafiar a un dictador represivo (por ejemplo, la insurrección en la ciudad de Gwangju de 1980).

De hecho, se está llevando a cabo un proceso similar en las provincias orientales de la República Popular China, donde el régimen comunista en ejercicio parece ser muy prudente y se enfrenta directamente a las organizaciones de base del emergente movimiento obrero autónomo (Lüthje, 2013: 129) .

El crecimiento del empleo por exportaciones depende de los efectos multiplicadores del gasto de los trabajadores de exportación adicionales. Siguiendo la regla de que las personas más pobres consumen una pequeña variedad de productos relativamente simples en grandes cantidades (Strassmann, 1956), los esfuerzos para igualar la distribución del ingreso en los países industrializados orientados a la exportación contribuyen a asegurar que esta estrategia tenga más éxito en la creación de empleos. Los efectos multiplicadores altos promueven la estrategia: los ejemplos exitosos de Corea del Sur, Taiwán, la República Popular de China y, en un futuro próximo, Vietnam muestran que una mayor igualdad (a través de la reforma agraria, realizada contra los grandes terratenientes) ayuda a un crecimiento del empleo más rápido y, por lo tanto, a una transición más rápida de las economías basadas en la devaluación, para que los peligros tan destacados de la globalización se vuelvan mucho menos amenazantes.

El peligro del adelanto

La necesidad de acelerar la globalización apresurando la creación de empleos en el Hemisferio Sur se apoya en una nueva característica del proceso de globalización. Los economistas neoclásicos tradicionales creían que el crecimiento económico y el dominio de la tecnología progresarían gradualmente. Las economías emergentes primero emprenderían la producción de bienes más simples y luego cambiarían a bienes más complicados, a partir de ese momento subirían una escala de grados crecientes de sofisticación técnica. Sin embargo, dada la naturaleza de la ventaja comparativa, este argumento nunca fue convincente. De hecho, el progreso técnico posterior basado en la ciencia ha demostrado aún más sus limitaciones.

Un país determinado puede ser menos avanzado técnicamente que un país líder establecido pero tener una ventaja comparativa en la tecnología más moderna (Elsenhans, 2001: 62-73; Elsenhans, 2002). De inicio, algunos países pueden haber logrado grandes avances en el desempeño técnico sobre la base de aprender haciendo. Una nación menos avanzada puede estar muy lejos porque nunca ha tenido la oportunidad de perfeccionar su conocimiento en la tecnología respectiva por medio de aprender haciendo. Obviamente, la economía más avanzada tiene una ventaja en la operación de una nueva tecnología emergente de sus experiencias previas en otras áreas de producción.

Sin embargo, es muy improbable que los efectos del aprendizaje mediante la práctica de esta economía más avanzada en tecnologías anteriores conduzcan a un avance idéntico en la nueva tecnología. Considérese el ejemplo de Ricardo (1951) sustituyendo a Alemania por Inglaterra, al este de Asia por Portugal, a los autos de lujo de alta calidad por telas, y a los productos electrónicos por vino. En este nuevo y más contemporáneo ejemplo, Alemania se vería obligada a especializarse en automóviles de lujo de alta calidad y dejar la electrónica al este de Asia.

Al eliminar las rentas de materia prima a través de precios (más bajos) en línea con los costos de producción de las respectivas materias primas en sitios de producción de bajo costo, surgió una ventaja comparativa en la fabricación. Al principio, por supuesto, esto ocurrió en países que carecen de materias primas como Corea del Sur, Taiwán y Singapur. Pero a pesar de permanecer inferiores respecto a las economías avanzadas en las nuevas tecnologías, estos recién llegados obtuvieron una ventaja comparativa no tanto en las tecnologías previamente dominantes, donde el aprendizaje práctico de las principales economías establecidas fue significativo, sino a través de las tecnologías más modernas, donde ambas avanzaron, y los países atrasados ​​todavía no habían adquirido el aprendizaje mediante la práctica.

De esta manera, los adelantos se hicieron posibles, ya que las empresas chinas, taiwanesas, surcoreanas y hasta cierto punto indias y brasileñas se volvieron capaces de competir con antiguos líderes en tecnología en la mayoría de los productos modernos. Aumentaron rápidamente su desempeño a través del aprendizaje al hacer y lanzaron sus propias compañías transnacionales con estrategias a nivel mundial.

La superioridad en las tecnologías antiguas puede hacer que una nueva tecnología no sea rentable y, en consecuencia, se descarte. Desde un punto de vista técnico, Francia fue la economía líder del siglo XVIII; se especializó en productos de alta calidad, principalmente suministrados a los mercados de altos ingresos entre sus estratos privilegiados (Allen, 2009: 275) . Gran Bretaña se especializó en productos para estratos de ingresos más bajos que se suministraron en grandes cantidades y desencadenaron la mecanización. A finales del siglo XIX, Alemania fue tan débil en la producción textil que no podía competir con las exportaciones textiles británicas, pero poseía una ventaja comparativa en nuevas industrias como la química y la construcción de maquinaria, aunque la mayoría de las innovaciones en estas dos ramas se hicieron más o menos al mismo tiempo en Gran Bretaña y Alemania (Broadberry, 1997: 165) .

Patrones de globalización: un modelo benigno y un modelo del fin del mundo

Se pueden identificar dos patrones de la globalización: una "globalización benigna”, visible en la relación entre los países industriales de finales del siglo XIX, y una globalización de “carrera hacia el fondo”, evidente hoy en día.

Imaginemos tres países ficticios: A, B y C. A es un país industrializado líder con una alta capacidad de innovación; B es un país capitalista industrializado que no es tan innovador como A. Tanto A como B disfrutan de altos niveles de empleo y se ven afectados por la escasez de mano de obra. C es un país subdesarrollado con un gran excedente de mano de obra. Supongamos que todas las naciones como C están tan atrasadas ​​que no pueden alcanzar la competitividad de costos en la fabricación por medio de la devaluación, a pesar de la ventaja comparativa.7

Pensemos que hay una innovación en el sector productivo principal de A, por ejemplo, los automóviles. Un aumento de las exportaciones de automóviles a B puede hacer que este pierda su producción de carruajes, porque los consumidores quieren tener automóviles. El país A logra una balanza de superávit comercial que lleva a la apreciación de su moneda. Los productos de B se vuelven más baratos que muchos de los productos de A, donde no había una innovación comparable. Como se supone que ambas economías son capitalistas con una tendencia al pleno empleo, el proceso de homogeneización de los factores de productividad ha ocurrido en ambas.

El aumento sectorial de la productividad en la fabricación de automóviles de A no conduce a un aumento de la productividad física en el resto de sus sectores, sino a un aumento en los precios de estos, ya que la fabricación de automóviles atrae mucha mano de obra con salarios más altos. La apreciación de la moneda y los incrementos salariales en A hacen que muchos otros sectores, además del de la producción de automóviles, sean más competitivos en B. Este puede exportar más productos antiguos, a pesar de que no se ha generado ningún aumento en la productividad física.

Las exportaciones adicionales conducen a un incremento del empleo y compensan las pérdidas de empleos en la fabricación de automóviles. Los salarios reales en B pueden aumentar si B logra el pleno empleo y participa en la reducción de costos y precios en los automóviles, mediante los incrementos en la productividad de A, así como en los precios más altos de las exportaciones de productos antiguos, debido al aumento en los precios de A. De hecho, la extensión de la producción en actividades más tradicionales en B quizás induzca un progreso técnico en este país. Dicho progreso es probablemente menos dinámico que la innovación en A. Los incrementos salariales en B serán menores que los incrementos de productividad en A. Ciertamente, A estará mejor que B, pero B seguirá avanzando y no sufrirá de desempleo.

Yo llamo a esto un patrón de convoy de globalización. En este patrón, alcanzar posteriormente (o incluso renovar el acceso) una posición de liderazgo es posible, debido a que una economía bastante atrasada puede iniciar una nueva tecnología en un nivel similar de dominio, pero con salarios más bajos en moneda internacional que la más avanzada. De este modo, todos los participantes disfrutan de fases de liderazgo y fases de retraso, lo cual explica por qué las relaciones entre países capitalistas con altos niveles de empleo se caracterizan por la cooperación y la ausencia de confrontación (siempre que las políticas exteriores estén dominadas por intereses económicos).

El mecanismo para lograr el pleno empleo a pesar de quedarse atrás en los sectores productivos más dinámicos no depende de la capacidad de B, para seguir rápidamente a A en la innovación, sino de que B no sea superada por otras economías, a las que llamo aquí C, en actividades que son importantes para el empleo en B. Si hay un sector relevante en el cual C puede superar a B, la pérdida de empleos en la producción de carruajes en B no puede ser compensada por aumentos en el empleo en sectores productivos donde A pierde su competitividad, debido al aumento de los costos salariales internacionales.

La tendencia a lograr el pleno empleo por medio del aumento de la producción en B en tales actividades puede ser estancada por la nueva competitividad de C (ya sea por el aprendizaje de C o por la devaluación de C). Ya no aumentan los salarios reales en B, ni se expande el mercado interno de B. Se reduce la posibilidad de lanzar innovación en sectores por completo nuevos mediante el suministro al mercado interno. En resumen: el mecanismo capitalista de regulación está profundamente impedido.

El grado en que B, una llamada economía intermedia, se ve afectada por el surgimiento de la nueva competitividad de C, depende del impacto de las nuevas exportaciones de C en sus mercados laborales. Cuanto más rápido es el crecimiento del empleo en C, menos se puede mantener la estrategia de industrialización orientada a la exportación basada en la devaluación, como se muestra en la discusión sobre los límites de la devaluación. C es una amenaza siempre y cuando su propio desempleo sea alto.

Con la competitividad de los países C en productos de demanda con precios e ingresos elásticos en las naciones más importantes (aun siendo Primer Mundo), el modelo de la globalización de la carrera hacia el fondo se convierte en una posibilidad muy fuerte.

Ajustes espontáneos nocivos y la necesidad del Estado

Un modelo de globalización de la carrera hacia el fondo favorece enormemente la globalización de la renta (Elsenhans, 2006) . Las deficiencias en el funcionamiento de los mecanismos del capitalismo crean incentivos significativos para las dos clases principales del capitalismo, capital y mano de obra, así como para las clases dominantes (basadas en las rentas) en países parcialmente capitalistas, para complementar los mecanismos de mercado con intervención estatal. Las reacciones espontáneas en los países B y C no son propicias para satisfacer la necesidad de compensar el crecimiento de la producción mundial más rápido que los ingresos de masas del mundo, ya que apuntan a mantener la competitividad a través de la restricción salarial.

En los países capitalistas más débiles (como B), pero también en los países capitalistas líderes (como A), los gobiernos persuaden a los trabajadores de que preservar los empleos requiere restricción salarial. Se estima que el 80% de la pérdida de empleos atribuida a la globalización en los países industrializados occidentales no se debe a la deslocalización de empleos, sino a una expansión insuficiente de la producción para el mercado interno. La productividad ha crecido más rápido que la producción (Erber y Hagemann, 2012: 39) .

Los gobiernos y las grandes empresas han roto la resistencia de los trabajadores. El resultado es una creación autoinfligida de subconsumo. La crisis resultante en el mercado laboral, junto con la inestabilidad política emergente, es abordada por el gobierno a través de favores al estilo del "Ejército de Salvación"; se le dice a los trabajadores que no hay alternativa al subconsumo y que el gobierno es un "buen emperador". Algunos han calificado a esta caridad moderna como un aspecto progresivo de la globalización por el cual el papel del Estado aumenta (Rodrik, 2011: 234); de hecho, es una forma de asignación de renta y canalización para propósitos políticamente determinados.

Esto se complementa con el campo mucho más importante de la innovación técnica subsidiada por el Estado a favor de las empresas nacionales. Las limitaciones subsidiarias de la Organización Mundial del Comercio a los líderes nacionales no deben ocultar la centralidad de las finanzas estatales en los sistemas nacionales de innovación.

Intentos similares de apoyo directo del gobierno ocurren de forma permanente en las economías de recuperación. China, India y Brasil se han internacionalizado, al igual que muchos países más pequeños e industrializados más recientemente, como Corea del Sur y Taiwán. Las empresas que han sido favorecidas en los mercados nacionales de estas naciones utilizan sus habilidades y conocimientos adquiridos para ampliar el mercado, mejorando su aprendizaje inicial mediante la práctica. Primero lo hacen en los mercados del Tercer Mundo, antes de embarcarse en una mejora cualitativa de sus capacidades al participar en la competencia en los "chasse-gardés" de las principales compañías internacionales.

Al menos en el caso de China, el acceso a sus propios mercados locales para inversionistas extranjeros se facilita enormemente si un inversionista extranjero se compromete de manera creíble con la transferencia de tecnología (Elsenhans y Babones, 2017: 94) . El inversor extranjero no está seguro de si su esfuerzo garantizará beneficios futuros, por lo que tiende a dar prioridad a la maximización a corto plazo de los rendimientos. A la inversa, el país anfitrión está interesado en maximizar su conocimiento y acceso a la tecnología, lo cual atribuye menos importancia a la minimización de las salidas financieras a la empresa matriz del inversor extranjero.

La devaluación es un procedimiento costoso. Para hacer mano de obra local adicional competitiva, la tasa de devaluación a menudo tiene que ser alta, de modo que las actividades que hubieran sido o han sido competitivas a los tipos de cambio anteriores obtendrán precios más bajos en el mercado mundial si están expuestos a una alta competencia. La tasa de devaluación puede ser menor si algunas industrias están subsidiadas por otras industrias que están cargadas con costos adicionales, porque pueden soportar estos al nuevo tipo de cambio sin perder competitividad. Por ejemplo, Corea bloqueó las importaciones de maquinaria textil cuando sus exportaciones textiles tuvieron que enfrentar una disminución de la elasticidad del precio de la demanda.

Los mayores costos locales de la maquinaria textil de los antiguos proveedores de repuestos aumentaron los precios de exportación en moneda local, pero la reducción de la demanda fue soportable debido a la baja elasticidad de la demanda a precios bajos (Mytelka, 1986: 258). Los efectos macroeconómicos no son diferentes en un país productor de petróleo que grava sus exportaciones y utiliza los ingresos para un programa de industrialización, pero la eficiencia administrativa de dicho programa es superior.

El aumento de la intervención estatal no es el resultado de factores socioculturales, aunque un legado de intervención estatal facilita la responsabilidad continua del gobierno por el crecimiento económico. La base de estas intervenciones es, sin embargo, la aparición de retrasos diferenciales en la productividad. Como estas economías no son capitalistas, no hay escasez de mano de obra para facilitar el surgimiento de productividad de factores idénticos dentro de las economías nacionales, como se describe en el proceso benigno de globalización característico de finales del siglo XIX.

La nueva competitividad manufacturera de los países hasta ahora subdesarrollados se limita a un pequeño número de líneas de producción particulares. Estos pueden enfrentar una disminución de las elasticidades de los precios y los ingresos de la demanda mundial mucho antes de que hayan cambiado cualitativamente el mercado laboral en las economías de recuperación. Cuando los precios bajen, estas industrias darán prioridad a las limitaciones de producción sobre un aumento ilimitado de sus exportaciones.

Las diferencias en los atrasos de productividad se pueden utilizar para la asignación de rentas, como para cualquier otra renta diferencial, si se introducen las condiciones administrativas y políticas para su apropiación. El Estado interviene tal vez clamando el uso de rentas para financiar el desarrollo o para gestionar la crisis social de desempleo. Debido a que el proceso de recuperación puede promoverse mediante la asignación de rentas, el Estado sigue siendo importante.

Los cambios convergentes de las economías A, B y C para "complementar" el mercado a través de la intervención estatal fortalecen la tendencia hacia la globalización de las rentas. El escenario de un sistema mundial capitalista homogéneo puede deducirse de la economía neoclásica, pero con el costo de una descripción poco realista del mundo.

Desde una comprensión keynesiana, tal escenario produciría heterogeneidad estructural. Las empresas oligopolistas no pueden crear de forma independiente la demanda que sería necesaria para aprovechar el potencial de sus capacidades productivas, desencadenando la inversión en la expansión de las capacidades productivas al aumentar los ingresos que pagan a los trabajadores. Incluso hoy en día, los beneficios de las empresas transnacionales (2014-2016 en torno al 6%) son mucho más altos que el crecimiento de su inventario de activos fijos (estancamiento 2014-2016). Los beneficios financieros no conducen a un volumen comparable de inversión generadora de empleo. Con el desempleo, las empresas necesitan al Estado para reparar las consecuencias sociales de sus estrategias exclusivistas. El Estado no será capaz de cumplir este rol sin dar una evidencia palpable de su compromiso con los intereses de los "abandonados".

La estructura de poder del sistema estatal global estabiliza la búsqueda de rentas

El predominio —o incluso la mayor importancia— de las rentas en las rivalidades internacionales entre empresas oligopólicas y gobiernos aumenta inevitablemente el papel del poder político en las relaciones económicas internacionales y, por lo tanto, también el papel de los gobiernos (o al menos de los gobiernos poderosos). Esto se refleja en la estructura previsible del sistema estatal internacional. La tendencia a la multipolaridad mejorada es un elemento constitutivo del escenario descrito en este artículo: el predominio de las rentas significa un papel relevante para los gobiernos.

De hecho, el futuro sistema estatal será multipolar. Habrá algunas potencias importantes contra las cuales ni siquiera grandes coaliciones de potencias enfrentadas podrán imponer nuevas reglas. Estas son potencias nucleares con un amplio espectro de armas nucleares y grandes fuerzas convencionales que les permiten posponer el primer recurso a las armas nucleares por periodos más prolongados de escalamiento (Estados Unidos, China, India y Rusia, quizá Brasil y las de la Unión Europea). Estas (futuras) superpotencias conocen sus bloqueos mutuos y utilizarán el tipo de diplomacia multipolar convencional que caracterizó el sistema interestatal de principios del siglo XIX.

Las superpotencias actuarán como hegemonías regionales en sus vecindarios geográficos. Las superpotencias en competencia demostrarán ser incapaces de proyectar suficientes fuerzas convencionales para bloquearlas y respetarán la influencia predominante de los poderes regionales hegemónicos (siempre que no generen coaliciones mundiales contra ellos).

Los países más pequeños defenderán celosamente su soberanía legal como Estados, porque ser un Estado es el elemento más importante para obtener apoyo externo contra los poderes regionales hegemónicos.

Los centros regionales estarán ausentes en el mundo árabe y en el África subsahariana. Aquí, las superpotencias del sistema multipolar competirán por la influencia, como lo demuestra el avance de China en los anteriores "chasses gardées" de Occidente en el África subsahariana y las rivalidades chino-indias en esa región. El mundo árabe será así un área de rivalidad y con medidas de exclusión recíproca. Los fundamentalistas deben mantenerse fuera del poder, lo cual será más alcanzable si todas las superpotencias mantienen un perfil bajo (al menos de forma temporal) en la región y dejan la represión de los fundamentalistas a los gobiernos locales.

Todos los poderes dentro de este sistema multipolar optarán por las sociedades de consumo y no podrán basarse en ideologías holísticas o en una misión para mejorar el mundo. Por lo tanto, habrá límites a la movilización de recursos internos, en especial mano de obra, para políticas extranjeras expansionistas, sobre todo guerras de expansión. De hecho, esta capacidad de movilizar mano de obra para fines de política exterior se reducirá en gran medida a potencias más pequeñas, constituyendo un elemento de su capacidad para mantener la autonomía y defender su integridad territorial.

Todos los Estados principales protegerán su capacidad de innovación. Los puntos del orden del día de Singapur no se aceptarán si no hay garantías para utilizar algún tipo de protección, con el fin de mantener la capacidad innovadora en sectores productivos más diversos.

Entre los Estados habrá relaciones de mercado moderadas por intereses nacionales. La cuestión de la sostenibilidad y el medio ambiente constituirá un motor que impulsará la intervención gubernamental y la búsqueda de rentas. Los países de altos ingresos utilizarán barreras no arancelarias contra productos que consideran inseguros para el medio ambiente. Los grupos de presión usarán este argumento para obtener protección de la competencia de bajo costo.

El papel del nacionalismo como una justificación aparente para tales medidas aumentará. Un Estados Unidos nacionalista, antimultilateralista y una China multilateralista y moderadamente nacionalista es congruente con los intereses de ambos en la división internacional del trabajo.

La cooperación entre estos poderes será fundamental para la futura gestión del sistema mundial. Debido a que la cultura es parte de sus respectivas identidades, aceptarán elementos de una cultura mundial global sin permitirle estructurar sus identidades básicas. Incluso si tales tendencias existen, habrá contratendencias entre aquellos que no pueden beneficiarse de su asimilación al sistema de valores dominante y verán una oportunidad para promover sus propios intereses a través de la disidencia.

Los comienzos del siglo XX se caracterizaron por una difusión mundial de las normas y valores culturales occidentales, pero se adoptaron solo en aquellas esferas de comportamiento que, para las poblaciones no occidentales, parecían no ser determinantes de sus identidades básicas (Idenburg, 1923: 253) .

Surgirán nuevos movimientos políticos identitarios culturales en aquellos lugares donde los esfuerzos de desarrollo no fueron tan exitosos como en el este de Asia, en especial en los mundos islámicos e hindi. Las clases medias basadas en las rentas orientadas al consumo aspiran a alguna participación, pero optan por el nacionalismo cultural para protegerse contra la agitación de las clases más bajas (Ouaissa, 2013).

China y Estados Unidos promoverán la globalización dentro de los límites de sus intereses nacionales, y ambos competirán por el apoyo político por su mezcla de cosmopolitismo e interés nacional. Estados Unidos tiene la ventaja histórica de una percepción bastante positiva de su posición hegemónica en muchas partes del mundo. Así también, Brasil y la Unión Europea tenderán hacia el lado estadounidense más que hacia el chino. Además, no habrá una coalición pro china al estilo del modelo de "Asia para los asiáticos", adoptado entre las guerras por los japoneses. Pero tampoco habrá un retroceso de la posición en el sistema interestatal que China ha ganado hasta ahora para sí misma.

La globalización de las rentas será en extremada estable. Solo podría superarse si las estructuras internas de poder en la mayoría de las economías cambiaran en favor de los trabajadores. Esta perspectiva no es por completo irrealista. En Corea del Sur y Taiwán, el aumento de las exportaciones de manufacturas ha conducido a altos niveles de empleo y, al menos en el caso de Corea del Sur, a clases trabajadoras fuertes. Tendencias similares son cada vez más fuertes en China, y posiblemente en todos los países que alcanzan altos niveles de empleo, mediante la industrialización orientada a la exportación con altos efectos multiplicadores.

Discutiendo alternativas y conclusión

La conclusión general de esta discusión es que la globalización no conduce de forma automática a un sistema mundial capitalista. Las relaciones de mercado no reducen la búsqueda de rentas; en realidad, crean muchas más posibilidades para la apropiación de rentas. Esto no necesariamente facilita el desarrollo y la transformación de las regiones subdesarrolladas en capitalistas.

La globalización desestima a la clase trabajadora y, por lo tanto, amenaza uno de los mecanismos de equilibrio crítico de un sistema capitalista. El supuesto de que la globalización conduce de manera inevitable al capitalismo solo puede mantenerse dentro del marco de la economía neoclásica, cuyo proceso de globalización ha demostrado ser empíricamente inválido.

La posibilidad de que los proletarios del mundo se unan es remota. Las diferencias en la cultura complicarán de forma enorme las discusiones entre las organizaciones del trabajo a nivel internacional. Los movimientos laborales laicos de Occidente y el Oriente comunista ya no tienen mucha influencia en el resto del mundo. Para las naciones del Hemisferio Sur, los socialdemócratas tenían una posición ambigua respecto a la descolonización y la democracia política. Los reproches al movimiento comunista son menos claros, pero también han perdido influencia, incluso en aquellas sociedades donde una vez dominaron.

La militancia laboral ha aumentado donde la creación de empleos por la industrialización orientada a la exportación ha tenido éxito, en especial en el este de Asia. Sin embargo, el sector laboral no ha adoptado estrategias que podrían conducir a la creación de coaliciones transnacionales o globales.

A la inversa, en esa gran área geográfica donde los esfuerzos de desarrollo no han sido exitosos, el secularismo ha disminuido. Los nacionalistas culturales antes marginados políticamente han creado nuevos movimientos de identidad cultural (Elsenhans, 2012) . En el mundo del islam y en el sur de Asia representan a la gran mayoría de los abandonados y desfavorecidos.

Cualquier intento de transgredir los límites de Occidente para construir coaliciones de trabajadores, con el fin de hacer que el capitalismo funcione a escala global, tendría que crear un entendimiento entre los remanentes de una izquierda secular keynesiana, occidental y el creciente movimiento de masas del nacionalismo culturalista en el Hemisferio Sur (Elsenhans, 2017) . Tal coalición es difícil de imaginar, pero es necesaria para la supervivencia del capitalismo.

De hecho, mucho más probable es la perspectiva chino-estadounidense de la evolución de un sistema mundial dominado por las rentas y con movimientos laborales debilitados en posiciones subordinadas. El sector laboral incluso favorecerá la apropiación de rentas, ya que esto evitará la amenaza de una crisis de bajo consumo a raíz de eliminar la restricción del gasto de inversión neto para la apropiación de excedentes.

La globalización de la renta prevalecerá. La ausencia de las fuerzas políticas necesarias para defender el capitalismo en muchas partes del mundo se elogia dentro de las interpretaciones dominantes de la historia mundial como un logro de la posmodernidad; así como la entrada en la nueva era de la dominación de las rentas probablemente se verá como un logro en la historia humana. La dependencia de los principales sectores de la ciencia social de los recursos oficiales para tener algún tipo de impacto en las audiencias desmovilizadas y el cultivo de una oposición marxista ortodoxa poco realista servirá como prueba de las credenciales democráticas y el liberalismo de los poderes existentes.

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Notas

1 Agradezco a Javier A. Becerril Rojas por la traducción y el apoyo.

2 Las "rentas de innovación" de Schumpeter son, en mi análisis, beneficios técnicos adicionales, ya que tienden a desaparecer cuando otras empresas pueden imitar o inventar tecnologías comparables. En rentas de innovación véase Schumpeter (1911: 112).

3 Nótese que la postura se oponía claramente a las contribuciones poskeynesianas al crecimiento basado en los salarios, que han tendido a ver el aumento de los ingresos de masas no como una condición, sino solo como una posibilidad dentro de diferentes patrones de crecimiento capitalista.

4 Las similitudes con la nueva literatura sobre un declive de la democracia (por ejemplo, Diamond [2016] ) son solamente superficiales, ya que esta literatura deduce las tendencias al autoritarismo de factores socioculturales y no como resultado de la economía política. Se considera que el capitalismo no ha funcionado, mientras que en mi enfoque el capitalismo no se ha trasplantado con éxito.

5 El aumento de la producción en los sectores de alta productividad conduce a una disminución de los precios debido a la saturación de los mercados, mientras que los sectores de baja productividad pierden parte de su fuerza laboral y pueden aumentar sus precios debido a la disminución de la oferta.

6 Emminger (1986: 8), presidente del Banco Federal Alemán (1977-1979), describe claramente cómo la industria nacional se opuso a la revaloración de la moneda alemana en 1960-1961 ya cuando Alemania había alcanzado el pleno empleo.

7 El excedente localmente producible de bienes salariales, en especial alimentos, puede ser demasiado bajo.

Notas de autor

Hartmut Elsenhans. Profesor Doctor emérito de Ciencias Políticas en el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Leipzig, Alemania. Profesor invitado en la Universidad de Montreal, Dakar, Salzburgo, Jawaharlal Nehru, Nueva Delhi, Lisboa, Quaid-i-Azam Islamabad y Mangalore. Académico invitado en la Universidad de Columbia (Nueva York) y de California (Berkeley). Ha realizado investigación de campo en Francia, Algeria, Senegal, Mali, Bangladesh, Vietnam e India. Miembro de los consejos editoriales del Journal of Social Studies (Dhaka), Journal für Entwicklungspolitik (Viena), International Studies (Nueva Delhi) y Maghreb-Machrek (París). Miembro de la Asociación Alemana de Sociopolítica, de los Círculos de Trabajo de la Unión Europea, de la Asociación Alemana de Ciencias Políticas, de la Sociedad Alemana de Ciencias Políticas, entre otras. Líneas de investigación: economía política de los sistemas internacionales, génesis del capitalismo, relaciones norte-sur, estrategias de desarrollo y movimientos sociales del Tercer Mundo. Publicaciones recientes: Elsenhans, Hartmut (2019), "Révolution sociale et transition vers le capitalisme. Du bon usage des rentes”, en Maghreb Review, vol. 44, núm. 1, Reino Unido: The Maghreb Review; Elsenhans, Hartmut (2018), “Globalisation, World Capitalism and Rent, and the Emergence of New Cultural Identitarian Political Movements: The Challenges Ahead”, en Indian Jounal of Asian Affairs, vol. 30, núm. 1-2, India: Manju Jain; Elsenhans, Hartmut (2018), "World-Systems Analysis and Political Economy", en Boatca, Manuela, Komlosy, Andrea y Nolte, Hans-Heinrich [eds.[, Global Inequalities in World-Systems Perspective. Theoretical Debates and Methodological Innovations, Inglaterra y Estados Unidos: Routledge.

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